El "blitz" de San Remo, durante el Giro 2001, fue una de las operaciones policiales más aparatosas en torno al ciclismo. Sin embargo, al no producirse en la prueba reina, tuvo menor repercusión mediática que el escándalo del Tour de 1998. Han pasado más de cuatro años y ayer, por fin, un tribunal italiano dictaba sentencia. Le han caído seis meses (pena que no se cumple) a Dario Frigo, Giuseppe di Grande y Alberto Elli.
Frigo es uno de los ejemplos más claros de la lacra del dopaje en este deporte. Sin extenderme más, basta recordar que "la última" le ocurrió durante el pasado Tour, en Courchevel, cuando lo detuvieron junto a su esposa, acusados de posesión de EPO.
Elli tiene otro buen historial a sus espaldas, con casos de utilización de insulina y de hormona del crecimiento. Y Di Grande... otro que tal. Éste fue el que se lanzó por la ventana (era un piso bajo, claro) cuando se enteró de que la policía estaba entrando a saco en las habitaciones de aquel hotel de San Remo.
Aunque parezca muy duro, es preciso recordar en este momento que la lista de corredores que elaboró la policía en San Remo era mucho más extensa y que en la misma había varios ciclistas, directores y médicos españoles. Eso sí, en general pillados sólo con cafeína.
Esta sentencia aparece en el mismo instante en que Italia sigue con gran polémica la propuesta del comité organizador de los JJ.OO. de invierno de Turín 2006. Quieren dejar en suspenso la ley italiana que permite la persecución policial de los deportistas tramposos. Ayer mismo, el ministro de Sanidad, Francesco Storace, aseguraba: "Mientras yo sea ministro, la ley antidopaje no se toca". Pero los organizadores turineses lo tienen claro: "Con esta ley, los mejores profesionales del hockey sobre hielo, por citar un ejemplo, no pisarán Italia". ¿Por qué será?